Por suerte, no soy un geek
O podría acabar con un sótano como éste.
(vía Minid)
O podría acabar con un sótano como éste.
(vía Minid)
Publicada la segunda parte de la entrevista que me hizo Juan Arellano. La culpa del retraso fue toda, toda mía, que soy un desastre para esas cosas. Muy buenas preguntas. Las respuestas no tanto.
Inspirado por JJ, he hecho mis cuentas y he descubierto que pjorge.com vale 444.936,32 dólares (Technorati dice que hay 788 enlaces hacia mi página y a 564,64 dólares por enlace). Pues eso, que si alguien quiere, yo estoy dispuesto.
Este es el segundo año que lo hago y ya he llegado a los 50 libros. Prueba superada, que gritaba aquel buen hombre. ¡Por fin puedo dejar de leer! Aunque ya estoy deseando que llegue enero para empezar de nuevo. Me pregunto que podría hacer con todo este tiempo libre. Supongo que atender a mi hija estaría bien.
Lo del desafío de los 50 libros me ha resultado muy curioso. Tiene al menos dos ventajas. La primera es que me hace leer. Lo de leer parece muy simple, hasta que descubres que la vida conspira contra tu deseo de leer. Leer siguiendo una cuota parece ir completamente en contra de leer por placer, pero en realidad las dos opciones se complementan maravillosamente. La segunda es que recuerdo mucho mejor lo leído y por qué lo leí. Ahora repaso la lista y me digo «esto fue por ese programa que vi» o «por aquel comentario en una bitácora». 50 libros en un año no son muchos libros, pero al menos son más que cero.
Y ahora, las salvedades habituales, más que nada para ahorrar comentarios (qué iluso). Soy perfectamente consciente que leer uno, dos, tres o cincuenta libros no me hace más listo, ni más sabio, ni más alto ni más rubio… es más, probablemente no tenga más que terribles efectos negativos sobre mi persona. De hecho, hay pastores turcos analfabetos que jamás han leído un libro y sin embargo son mucho más sabios que yo (eso me lo enseñó Cioran y la lección la aprendí bien). También sé que moriré algún día haya leído muchos o pocos libros; mi muerte es cuestión de tiempo y si no muero ahora es simplemente porque voy a morir más tarde (esto me lo enseñó James Bond). Lo hago simplemente porque me apetece hacerlo.